Vivimos una época de constantes cambios, muchos de los cuales afectan a nuestra salud colectiva y personal. Las mejores condiciones de vida, el desarrollo humano, y las innovaciones sanitarias han aumentado considerablemente la esperanza de vida en nuestro país, posicionándonos como uno de los mejores países del mundo para envejecer. Esta tendencia tiene una importante consecuencia en un sistema sanitario que debe atender necesidades vinculadas con el envejecimiento poblacional y la cronicidad, algo para lo que no fue creado, según explica el doctor Ángel Abad.

Médico, experto en salud pública y adjunto a la gerencia del Hospital Universitario La Paz, Abad defiende que nuestro sistema sanitario, a pesar de ser una referencia internacional, “no está atendiendo las necesidades reales de los ciudadanos y los pacientes”, de forma que debe ser la salud, y no la enfermedad, la que se sitúe en el centro del sistema. Para él, “actualmente disponemos de un sistema nacional de enfermedad y no un sistema nacional de salud”. Nuestro foco es la enfermedad y así también enfocamos la formación y la organización de los hospitales. En conversación con Healthinking, propone una transformación profunda del sistema de salud que mire más allá del hospital y se oriente hacia las personas, la sociedad y el medioambiente. Para ello es necesario redefinir lo que es salud, porque la salud es el centro de nuestras vidas.

Nuestro sistema sanitario, sostiene Abad, se diseñó para un mundo que ya no existe, como un modelo pensado para curar y no tanto para crear salud y cuidar. Esto, ante el envejecimiento poblacional, el aumento de las enfermedades crónicas, el incremento de los problemas de salud mental, el impacto de los aspectos medioambientales en la salud de los ciudadanos, como la contaminación atmosférica y el cambio climático y el incremento de las expectativas de los ciudadanos, hace que las costuras del modelo actual se hagan más visibles. “Todo ello es una coctelera que o rediseñamos, o transformamos nuestro sistema sanitario como lo entendemos ahora, o difícilmente vamos a poder dar respuesta”, advierte Abad. Ahora es “poco sostenible a medio y largo plazo”.

Partiendo de la premisa de que la gestión sanitaria orientada a la sostenibilidad económica, social y medioambiental es fundamental en el contexto del sistema sanitario español, ya que mejora la efectividad y la equidad en salud, y con el objetivo de abordar todas estas necesidades, Abad propone una nueva definición de salud.

“La definición oficial de la Organización Mundial de la Salud tiene 77 años. Habla de un ‘completo estado de bienestar físico, mental y social’. Pero eso, hoy, es poco operativo”. Así propone, junto con el también médico Tomás Hernández, un giro: “la salud es la dinámica hacia el equilibrio físico, mental, emocional y espiritual con uno mismo, con la sociedad y con la biosfera, que te permite tener una vida plena”, en el marco de los determinantes sociales de la salud. “Es difícil tener salud como persona si no se tiene salud como sociedad”.

De esta manera, enfrentamos la salud como la capacidad de adaptación a lo que nos ocurre, no tanto la ausencia de enfermedad. “En esta mirada, se puede tener salud con enfermedad y perderla sin estar enfermo. El reto está en volver a conectar con uno mismo, con los demás y con el entorno”, aclara.

angel abad revilla

Me gustaría que la salud fuera el pilar de nuestras vidas. Ese es mi sueño.
Incorporar la salud en la vida diaria nos convertiría en sociedades más libres, más justas y más prósperas. Ese es mi propósito.
Realicé el grado en Medicina en el Hospital 12 de Octubre y la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria en el Hospital Ramón y Cajal. Años después, la especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública en el Hospital Gregorio Marañón y, actualmente, trabajo como médico adjunto a la gerencia en el Hospital de La Paz.
Conozco maravillosos hospitales, pero la salud de las personas se genera fuera del sistema sanitario y tiene que ver con las condiciones de vida.
He tenido desempeño profesional como médico asistencial – atención primaria – y como gestor de los servicios sanitarios, en el Servicio Madrileño de Salud y en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid en las direcciones generales de Formación e Investigación, Atención Primaria, Atención al Paciente, Humanización y de Asistencia Sanitaria.
También he trabajado como responsable de la relación de la Administración Sanitaria con las Asociaciones de Pacientes y en Cooperación Sanitaria Internacional.
Disfruto nadando, con otras formas de hacer ejercicio físico y escuchando música. Mi diosa, Afrodita. Mi héroe, Ulises.

 

Esta nueva definición es clave para afrontar un cambio necesario que, tal y como explica Abad, pasa por repensar nuestro sistema sanitario. “Aunque lo llamemos sistema nacional de salud, en realidad somos un sistema nacional de enfermedad”, sostiene que debemos reorientar el sistema hacia la creación de salud, actuando sobre los determinantes sociales de la salud y empezando desde la infancia. De ahí nace la convicción en que la prevención y la promoción desde la infancia contribuyen a mejorar la salud a largo plazo y la sostenibilidad del sistema sanitario. «Sabemos cuáles son los determinantes de la salud: si actuamos sobre ellos, generamos salud (…). Tenemos que trabajar desde la infancia: ejercicio físico, alimentación, bienestar emocional, sexo seguro, no alcohol y no tabaco».

Esta transformación necesaria pasa por rediseñar el sistema pensándolo desde una perspectiva más integral, integrada y cercana al paciente: “no puede ser que sigan llegando pacientes a los hospitales para morir (…). El paciente debe ser el eje. No la persona girando en torno al sistema, sino el sistema girando en torno a la persona”, atestigua Abad. El paradigma de este rediseño es la atención hospitalaria. Abad propone la transición hacia hospitales líquidos que prioricen la atención domiciliaria y la coordinación, tanto con otros niveles asistenciales como dentro de las propias especialidades: “Necesitamos hospitales líquidos, con más hospitalización a domicilio y atención en la comunidad, con una atención primaria y una salud pública poderosas”.

La atención centrada en el paciente y la equidad en salud deben guiar esta transición, garantizando la igualdad de acceso en el sistema sanitario, especialmente para aquellos más vulnerables y afectados por enfermedades crónicas.

El médico defiende que el cambio, sin embargo, no es sencillo, y pasa necesariamente por un cambio de cultura, una ruptura de la inercia y la apertura del sistema hacia otras disciplinas, como la antropología, la comunicación, la ingeniería… miradas que contribuyen a comprender la salud en toda su complejidad.

Si la creación de salud y el cuidado de la misma deben ser el propósito que guíe, la innovación sanitaria y la transformación digital son herramientas muy útiles: “La tecnología nos va a ayudar al diagnóstico, al tratamiento y a definir sobre qué poblaciones tenemos que actuar. Pero el objetivo no es la tecnología, es la salud”, señala Abad. No hay que perder el enfoque poblacional: donde verdaderamente se genera salud es en la comunidad, a través de los determinantes sociales de la salud.

Las recetas para el cambio que propone Abad no parecen sencillas, sin embargo, sostiene el médico, es una cuestión de intención: “si el propósito de los sistemas es crear salud, el resto sale solo”. Si lo crees, lo creas.

El objetivo sería, entonces, entender la vida humana en toda su complejidad y fragilidad y enfocar la salud como un camino de equilibrio y adaptación, siempre desde un enfoque colectivo e interdisciplinar, en consonancia con el entorno, con este cambio de paradigma como propósito: de curar a crear.