Cada año, millones de mujeres en todo el mundo reciben un diagnóstico de cáncer ginecológico, un grupo de enfermedades que incluye el cáncer de ovario, de cuello de útero, de endometrio, de vulva y de vagina, siendo el cáncer de ovario el más letal de ellos. Su impacto no se limita a la esfera clínica: afecta a familias enteras, a la organización de los sistemas de salud y a la forma en la que entendemos la prevención y el cuidado. La epidemiología, disciplina que estudia cómo se distribuyen y qué factores influyen en las enfermedades, se convierte en una herramienta fundamental para comprender la magnitud de este problema y orientar las políticas de salud pública.

En el marco del Día Mundial del Cáncer Ginecológico, el cual se conmemora el 20 de septiembre, conversamos con María José Sánchez, médica, epidemióloga y directora científica del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA), directora del Registro de Cáncer de Granada, profesora y responsable de consultoría e investigación en la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), cuya trayectoria está marcada por la investigación en cáncer y el compromiso con el cuidado de la salud de la población. Su mirada combina la ciencia con la perspectiva social, abordando desde la prevención y el diagnóstico precoz hasta la atención integral de los pacientes y la equidad en el acceso a la innovación sanitaria.

Desde una mirada general, el Sistema Nacional de Salud, como señala Sánchez, se enfrenta a desafíos múltiples y complejos. El envejecimiento de la población, el aumento de enfermedades crónicas y los problemas de salud mental, especialmente entre los jóvenes, obligan a replantear estrategias y recursos. Al mismo tiempo, la irrupción de tecnologías avanzadas —desde la medicina personalizada hasta la inteligencia artificial y el Big Data— exige una incorporación de manera efectiva y sostenible, asegurando que sus beneficios lleguen a toda la población y no amplíen las desigualdades territoriales que actualmente enfrentamos. Como recuerda Sánchez, “hay que trabajar con datos de vida real, con registros poblacionales, para medir impacto y poder mejorar la planificación sanitaria y las políticas públicas” y, con ella, la sostenibilidad del sistema sanitario.

En oncología, estos retos se combinan con necesidades más específicas. La prevención y el diagnóstico precoz del cáncer son esenciales para garantizar una excelente atención al paciente y mantener la sostenibilidad del sistema, mientras que garantizar el acceso a la innovación terapéutica y tecnológica se vuelve una prioridad. Sánchez enfatiza: “Tenemos que ser capaces de prevenir más y mejor, fomentar el diagnóstico precoz y garantizar el acceso a la innovación, haciendo una coordinación integral a nivel de hospital, primaria y socio-sanitario”. Además, la atención a pacientes y supervivientes de cáncer, el desarrollo de equipos multidisciplinares, la integración de cuidados paliativos y rehabilitación, y la investigación epidemiológica, básica, clínica y traslacional son ejes fundamentales.

En lo que respecta a los cánceres ginecológicos -cuello de útero, ovario, útero, vulva y vagina- representan un desafío particular, tal y como señala la epidemióloga. “Según las últimas estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en colaboración con la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), el número de casos nuevos que se van a diagnosticar en España en 2025 de cáncer de endometrio son 7.400, de cuello de útero son 2.300 y de ovario 3.700, sabiendo que el total de cánceres nuevos en las mujeres son 129.000 casos nuevos. Entonces, es un problema importante de salud pública, pero no solo en cuanto al número de casos nuevos que se diagnostican cada año, sino también porque la supervivencia es bastante diferente entre uno y otro tipo de cáncer”. Así, su incidencia y supervivencia varían significativamente: mientras la supervivencia a cinco años supera el 75% en cáncer de endometrio, apenas alcanza el 45% en ovario.

MJ Sanchez

Doctora en Medicina, especialista en Microbiología Clinica, con formación psotdoctoral especializada en Epidemiología e Investigacón Clinica, Bioetica y Promoción de la Salud.
Es profesora e investigadora senior de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP), directora del Registro de Cáncer de Granada y Directora Científica del Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.GRANADA, acreditado por el Instituto de Salud Carlos III.
La Dra. Sánchez cuenta con una amplia experiencia en el diseño y desarrollo de estudios epidemiológicos y proyectos de investigación relacionados con la etiología, los patrones asistenciales, las desigualdades sociales y la supervivencia de pacientes con cáncer. Ha liderado y/o colaborado en más de 40 proyectos de investigación a nivel europeo, nacional y regional.
Reconocida como una de las científicas españolas más influyentes y la investigadora andaluza con mayor impacto en cáncer, representa a España en el Consejo Científico de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) de la OMS. Su trayectoria combina excelencia científica con un firme compromiso con la salud pública, la innovación en medicina personalizada, la participación de pacientes y ciudadanía en la investigación y la promoción del liderazgo femenino en ciencia.
Ha publicado más de 750 artículos científicos, citados en más de 55.000 ocasiones, y sus investigaciones han servido de base para políticas públicas nacionales e internacionales de prevención y control del cáncer. Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla de Oro de la Ciudad y la Provincia de Granada, el Premio Muy Mujeres Científicas de Muy Interesante y el Premio a la Ciencia y Tecnología en Femenino en los Premios al Emprendimiento y Liderazgo Femenino. Su trabajo refleja el impacto de la ciencia andaluza en el ámbito global y su papel clave en el avance de la epidemiología y la oncología.

De esta manera, existen importantes diferencias dentro de los cánceres ginecológicos. Sánchez recuerda que “sabemos muy bien cuál es la causa del cáncer de cérvix: el 99% de los casos se asocia al HPV (Virus del Papiloma Humano, por sus siglas en inglés)”, lo que permite estrategias efectivas de prevención primaria y secundaria mediante vacunación y cribado poblacional. En otros tipos de cáncer ginecológico de los que tenemos menos conocimiento, la prevención es diferente y se centra en hábitos de vida saludables y en la detección temprana de síntomas.

Sobre innovaciones terapéuticas y su aplicación a este tipo de cánceres, Sánchez señala: “hay innovaciones terapéuticas importantes para el cáncer en general que han sido disruptivas y muchas de ellas nos valen para los cánceres ginecológicos”. Algunos ejemplos son la combinación de quimioterapia e inmunoterapia, la identificación de biomarcadores predictivos de respuesta o la aplicación de la medicina personalizada y de precisión. Sin embargo, la experta apunta “tenemos que seguir trabajando todo lo que tiene que ver con los efectos secundarios de los tratamientos”.

El análisis de datos poblacionales de cáncer es otra de las claves para comprender mejor la enfermedad y orientar políticas de salud pública. Los registros de cáncer de población permiten además de conocer el impacto del cáncer en la población, identificar desigualdades socioeconómicas y territoriales, medir la efectividad de programas de cribado y evaluar innovaciones terapéuticas. Como explica Sánchez, los determinantes sociales de la salud tienen mucho impacto en el cáncer, también en el ginecológico “podemos ver que la gente que vive en áreas más desfavorecidas, en general se diagnostica en estadios más avanzados, participa menos en los programas de cribado poblacionales y tiene peor supervivencia”.

Infraestructuras poblacionales como la cohorte IMPACT -infraestructura de medicina de precisión asociada a la ciencia y tecnología que tiene el objetivo de conocer los determinantes sociales, ambientales y biológicos de la salud y las enfermedades de mayor importancia en salud pública en España-, impulsada y financiada por el Instituto de Salud Carlos III, amplían esta mirada a partir de los datos y representan un importante avance estratégico en esta dirección. Con 200.000 participantes y un seguimiento previsto de 20 a 30 años, permitirá estudiar la interacción entre genética, factores ambientales, hábitos de vida, biomarcadores y otros factores, no solo en cáncer, sino en múltiples enfermedades crónicas. “Queremos conocer el estado de salud de la población española y poder hacer investigación traslacional y de salud pública personalizada”, explica la epidemióloga. La combinación de cohortes poblacionales y registros de cáncer abre la puerta a una medicina más predictiva y a intervenciones adaptadas a cada grupo de riesgo que permitan a los profesionales sanitarios tomar decisiones lo más informadas posibles y a los gestores sanitarios planificar los recursos de forma más eficaz y eficiente.

Mirando al futuro, Sánchez es optimista. La experta señala cómo la investigación y la prevención del cáncer ginecológico se centrarán en la eliminación del cáncer de cérvix como problema de salud pública mediante vacunación y cribado, en reforzar la prevención primaria frente a factores como el consumo de tabaco y alcohol, la dieta ocidentalizada, la obesidad, diabetes y sedentarismo, entre otros, y en impulsar la medicina personalizada y de precisión. Además, apunta la importancia de continuar incorporando al paciente como un actor activo en su cuidado: “cuanto más sepa el paciente, mejor llevará su enfermedad y más ayudará a otros iguales. Nuestro reto es conocer, prevenir, diagnosticar y tratar de forma equitativa y avanzar en investigación e innovación para mejorar la salud de la población”, señala Sánchez.

También será fundamental prestar atención a los grupos más jóvenes, especialmente el grupo de edad entre los 20 y los 49 años debido al aumento de cáncer en este grupo de edad. A este respecto, Sánchez señala como en gente más joven el cáncer ginecológico se diagnostica en estadios más avanzados y es más agresivo ya que “ni la paciente piensa que va a tener un cáncer, ni el profesional sanitario piensa que va a tener un cáncer en los grupos de edad de los que estamos hablando”.

Tal y como traslada María José Sánchez, el futuro del cáncer, especialmente del cáncer ginecológico, en España depende de un enfoque integral que combine prevención primaria y secundaria, mejoras en el diagnóstico, innovación terapéutica, análisis de datos poblacionales de vida real y participación activa de los pacientes. La clave, señala, sería unir ciencia, datos de calidad, política sanitaria, pacientes, mirada transversal y compromiso social para lograr una atención más equitativa y efectiva que redunde en una mayor supervivencia y, con ella, una mejor salud de la población.